• Ignacio Mata Pastor

El peligro de los mensajes sesgados en el ámbito sanitario

¡La ansiedad no se cura con pastillas! Este el título de una publicación que aparece en un blog de psicología, a la que accedí a través de LinkedIn, la única red social en la que participo.


Mi intención no es demonizar esta publicación en concreto, ya que hay muchas de este estilo, y por ello no voy a dar el nombre de su autor ni el del blog en el que ha sido publicada. Tampoco pretendo cuestionar la profesionalidad de su autor, quien merece todo mi respeto. Lo que pretendo es reflexionar sobre el título de la misma, sobre todo teniendo en cuenta dos cuestiones: que, tanto los blogs como LinkedIn, son accesibles para cualquier persona, incluyendo pacientes; y que, un gran porcentaje de los usuarios de blogs y redes sociales, leen únicamente el título de la publicación, sin ahondar en su contenido.


Tal y como se puede comprobar, este título contiene siete palabras, siendo las principales los dos sustantivos (“ansiedad” y “pastillas”) y la forma verbal (“se cura”). Vamos a analizar cada una de estas palabras, desde el punto de vista de la psiquiatría y la psicología clínica.


El término ansiedad es ambiguo, ya que se puede referir tanto a una emoción que surge de forma automática en el ser humano ante situaciones de amenaza o peligro de cara a prepararnos para la lucha o la huida y que, por ello, al igual que el miedo o el dolor, tiene una función adaptativa al protegernos de potenciales peligros; como a un síntoma que aparece en la mayor parte de los trastornos psiquiátricos. ¿A qué tipo de ansiedad se refiere el título de la mencionada publicación?: ¿A la que hace que una persona esté preparada para enfrentarse a un peligro o a rendir mejor en una determinada tarea?, ¿a la que alcanza tal intensidad que hace que una persona ya cumpla criterios para diagnosticar un trastorno de ansiedad generalizada o un trastorno de angustia?, ¿o a la ansiedad que aparece como un síntoma más en una persona que, por ejemplo, sufra un episodio psicótico o un episodio depresivo grave? En definitiva, hablar de “ansiedad” es como hablar de “tristeza”, de “miedo” o de “ira”. Es una emoción, no necesariamente patológica y que por tanto precise tratamiento, pero que si alcanza niveles de intensidad excesivamente altos requiere un abordaje, en ocasiones farmacológico.


El término pastilla tiene una connotación claramente peyorativa. Los médicos no prescribimos pastillas sino “fármacos. La utilización del término “pastilla” pretende, implícitamente, crear en el lector una emoción negativa. Todos estaremos de acuerdo con que, en la relación médico-paciente, la confianza es un elemento básico en el proceso terapéutico. ¿Qué mensaje del médico genera mayor confianza en el paciente: “te voy a dar unas pastillas” o “te voy a prescribir un fármaco”? Creo que con esto está todo dicho.


En cuanto a la expresiónse cura, el autor está focalizando la atención del lector únicamente en una parte de la labor del médico (o del psicólogo). El médico no se dedica únicamente a “curar”, sobre todo porque muchas enfermedades o trastornos no se pueden curar. La intervención del médico sobre el paciente incluye, aparte del diagnóstico, la prevención, la promoción de la salud, el alivio del sufrimiento…, y siempre que sea posible, la curación. En el campo de la psiquiatría, la curación no es posible en muchos casos, por lo que nuestra labor se centra en aliviar el malestar de los pacientes, dotarles de herramientas para superar sus problemas, prevenir complicaciones, etc. ¿Deberíamos prescribir fármacos únicamente para “curar” enfermedades? En ese caso, ¿dejaría de estar justificado tratar con fármacos a un paciente con una enfermedad crónica, por ejemplo, con una esquizofrenia? ¡Es muy probable que este paciente nunca se vaya a “curar”!


En definitiva, este título (“La ansiedad no se cura con pastillas”) emplea tres conceptos ambiguos (“ansiedad”, “curar” y “pastillas”), que se intercalan de forma sesgada para provocar una inferencia implícita (“si tienes ansiedad y te quieres curar, no tomes pastillas”), que puede generar la toma de decisiones poco racionales en la población. Apela a la demonización de una herramienta terapéutica denominándola despectivamente “pastilla”, con la connotación peyorativa que este término tiene, dejando al paciente lector de este tipo de titulares más indefenso y temeroso, así como con un menor número de opciones terapéuticas.


No caigamos en titulares del estilo de “¡La esquizofrenia no se cura con psicoterapia!”. Por supuesto que no se va a curar con psicoterapia, pero esta herramienta terapéutica puede ayudar a nuestros pacientes. ¿Por qué desecharla?



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