• Ignacio Mata Pastor

Los profesionales de la Salud Mental no somos “los malos”

No es inhabitual leer artículos en distintos medios, o posts en redes sociales, en los que se aborda el tema de la deshumanización en la atención a las personas que sufren trastornos mentales. No seré yo quien afirme que la atención a estas personas no pueda mejorar desde el punto de vista de la humanización. Sin embargo, considero absolutamente incorrecto e injusto acusar a los profesionales de la Salud Mental de carecer de humanidad o de ejercer violencia sobre los pacientes. Al menos, me parece incorrecto e injusto realizar generalizaciones en este sentido.


Voy a exponer una serie de argumentos para justificar mi postura. Podría hacerlo en primera persona del singular, pero tras 25 años de experiencia profesional como psiquiatra en distintos dispositivos asistenciales tanto en España como en el Reino Unido, considero que puedo hacerlo en plural, es decir, creo estar en disposición de expresar lo que sentimos la mayor parte de los psiquiatras. Pero también creo que estos sentimientos están presentes en el resto de profesionales de la Salud Mental, incluyendo psicólogos, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, auxiliares, celadores….


1. La vocación de los profesionales de la Salud Mental no es precisamente la de maltratadores. Los psiquiatras estudiamos medicina, entre otras razones, por tener una vocación de ayuda hacia las personas que sufren. Tras finalizar la carrera, elegimos la especialidad de psiquiatría por tener una vocación de ayuda hacia las personas que sufren por presentar problemas mentales. Con esto no quiero decir que el único motivo por el que trabajamos sea aliviar el sufrimiento. Todos buscamos con el trabajo cubrir nuestras necesidades personales y familiares a través de un salario, pero la vocación que nos ha llevado a ejercer esta profesión es la de ayuda.


2. A los profesionales de la Salud Mental nos afecta el sufrimiento de las personas que padecen trastornos mentales. ¿Quién no experimenta malestar emocional viendo una película o leyendo un libro acerca de una persona que está sufriendo? Los psiquiatras no solo vemos este sufrimiento en las películas, sino que lo hacemos en una consulta médica situándonos cara a cara con la persona que sufre. Y lo hacemos a diario durante años. ¿Alguien puede pensar que esta experiencia durante tantas horas al día está exenta de sufrimiento personal para el psiquiatra? Una cosa es haber desarrollado estrategias para que este sufrimiento no afecte nuestro rendimiento profesional y otra es pensar que somos personas insensibles.


3. Los profesionales de la Salud Mental, siempre que tenemos la ocasión, difundimos mensajes para reducir el estigma hacia las personas con una enfermedad mental. De entre los mensajes que mayor estigmatización provocan hacia las personas con enfermedad mental, destacan aquellos que les achacan una propensión hacia la violencia. Los psiquiatras no dejamos de difundir el mensaje de que estas personas no son más propensas a la violencia que el resto de la población y que, por otro lado, son con mucha mayor frecuencia víctimas que perpetradoras de actos violentos.


4. Los profesionales de la salud Mental también sufrimos agresiones. Hasta un 90% de los profesionales de la Salud Mental han recibido agresiones físicas o verbales durante el ejercicio de su trabajo. Si nos centramos en los psiquiatras, prácticamente el 100% hemos sido víctima de este tipo de conductas, bien sea en forma de agresión verbal, de amenazas o de agresiones físicas. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, entendemos que la agresión ha sido perpetrada por una persona que se encuentra en una situación de falta de juicio, por lo que tratamos de reconducir la situación de la forma más beneficiosa para el paciente.


5. Los profesionales de la Salud Mental tratamos de hacer una correcta valoración del riesgo. Mucho se habla del uso de medidas coercitivas, destacando entre ellas la contención mecánica de los pacientes o los ingresos involuntarios. Sin embargo, pocas veces se habla de que estas medidas son, por lo general, utilizadas como último recurso ante pacientes que muestran una conducta agresiva contra sí mismos o contra los demás. Los psiquiatras sabemos que se debe comenzar con medidas de contención verbal, seguidas por la contención farmacológica, y solo llegando a la contención mecánica como último recurso. Los psiquiatras tratamos en todo momento de realizar un balance entre (1) el riesgo para la salud y la seguridad del paciente, y (2) el respeto a su autonomía y dignidad. Solo después de realizar esta valoración, es cuando debemos decidir qué medida es más beneficiosa para el paciente, siempre teniendo en cuenta la seguridad de terceras personas. Por desgracia, en algunas ocasiones debemos tomar decisiones dolorosas (ingreso involuntario o contención mecánica), siempre buscando el mayor beneficio para un paciente que no tiene capacidad de decidir libremente. En ocasiones no se hacen bien las cosas, pero no se deben generalizar las malas prácticas. ¿Quién puede pensar que los psiquiatras somos gente sádica que disfrutamos coartando la libertad de nuestros pacientes?

6. Los Profesionales de la Salud Mental no somos responsables de la falta de humanización de los dispositivos sanitarios. Los dispositivos sanitarios son, por lo general, lugares fríos, hostiles, con un olor característico (especialmente los hospitalarios), con camas diferentes a las de nuestros hogares, luces artificiales…. A nadie le gusta tener que ir a un centro de este tipo, pero los psiquiatras no somos los responsables de ello. En todo caso, podríamos ser responsables de no ofrecer una atención personalizada a los pacientes. No estamos atendiendo a “cosas” sino a “personas”.


Con este escrito no pretendo poner excusas a aspectos mejorables del quehacer de los profesionales de la Salud Mental. No me cuesta admitir que debemos mejorar a través de, entre otras cosas, (1) tener siempre presente que nuestra principal tarea es aliviar el sufrimiento, (2) empatizar con los pacientes y sus familiares, (3) difundir mensajes que reduzcan el estigma asociado a la enfermedad mental, (4) valorar en qué situación se encontraba un paciente en el momento en que nos agredió, (5) valorar correctamente el riesgo para la salud y la seguridad del paciente, el riesgo para la seguridad de terceras personas, y la autonomía y dignidad de los pacientes, (6) impulsar el que los dispositivos de Salud Mental se conviertan en lugares más cómodos para los pacientes, y (7) ofrecer una atención personalizada que no cosifique a los pacientes.

Tanto los pacientes como sus familiares, pero también los profesionales, debemos denunciar las malas prácticas. Pero en lugar de crear enfrentamientos entre pacientes, familiares y profesionales, trabajemos todos unidos para aliviar el sufrimiento, mejorar la asistencia sanitaria, y dignificar tanto a las personas con enfermedad mental como a los profesionales que tratamos de realizar correctamente nuestro trabajo.



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